miércoles, 10 de agosto de 2016

HABELAS, HAINAS....por Alice

    Después de unos meses de letargo virtual, que no carnal, volvemos para contar algunas de las experiencias que hemos vivido en los últimos meses. Esta historia es la más reciente, pero merece una mención especial. ¿Por qué, pensaréis? Porque hemos encontrado el Santo Grial swinger, nuestra combinacón perfecta.

    Tenemos una forma de vivir nuestra libertad de una manera determinada, y siempre nos ha costado encontrar parejas que compartieran esa forma de pensar. A pesar de no buscar nada extraordinario o de otro mundo.
Nos gusta disfrutar del momento y de los pequeños placeres que nos brinda la vida. Tomar una cerveza bien fría, conversar con gente normal con historias apasionantes, reírnos de nosotros mismos, bailar y un sinfín de verbos más.

    Conocimos a una pareja de gallegos en el Orgullo, con la que apenas hablamos en el momento por diversas circunstancias, pero intercambiamos teléfonos y fuimos conectando. Tanto, que organizando nuestras vacaciones cuadramos un día para ir a verlos. Era la primera vez que hacíamos algo así pero nos daban mucha confianza y ni siquiera nos pusimos nerviosos.

    Pasamos un día estupendo. Hicieron de perfectos anfitriones. Empezamos a medio día con una Estrella, continuamos comiendo buena comida gallega acompañada de un rico vino y seguimos con unos gin tonics refrescantes de terraza en terraza. Íbamos hablando y riéndonos un montón.

    El ambiente se fue caldeando cuando Blur nos picaba a todos para que fuéramos al baño de dos en dos...Finalmente fue S quien abrió la veda y me sorprendió llamando a la puerta. Cuando la ví aparecer, la cara se me iluminó y la excitación terminó de invadirme por completo. Comenzamos a besarnos, de forma pausada y lenta para poco a poco ir acelerando el ritmo de los besos y los jadeos. Nos tocamos y acariciamos, mis manos se perdían en sus pechos turgentes mientras que ella metía sus dedos por dentro de mis braguitas y comprobaba lo mojada que estaba. Seguimos perdiéndonos la una en la otra unos cuantos minutos más. Cuando salimos, los chicos nos reprendieron de forma alegre y despreocupada  por haber tardado más de lo debido, aunque yo diría que no fue tanto tiempo...Como compensación, S le ofreció a Blur dos dedos para que disfrutara de mi olor y descubriera donde los había metido.

    El siguiente sorprendido fue P y esta vez era yo la que llamaba a la puerta. Nos besamos y rápidamente me subí la camiseta, aparté un poquito el sujetador y dejé al descubierto mis pezones que fueron saboreados por P, mientras yo me afanaba por bajar mi mano por su abdomen para palpar su excitación. En una de esas visitas al baño, antes de que se abrochara el pantalón, me agaché para notar como su miembro crecía dentro de mi boca. No pude hacer otra cosa que recrearme en él, con mis labios y mis manos. Sabía como estaba Blur al imaginar lo que habíamos hecho y eso me ponía aun más.

    En otro momento pasó Blur al baño y S se fue detrás de él. Ahí mi corazón latía con fuerza y notaba el pulso en todo mi cuerpo. Imaginaba lo que podían estar haciendo y me encendía cada vez más. Cuando volvieron, Blur y yo nos besamos con fuerza y nos comíamos con la mirada. En días posteriores, Blur y yo recordábamos esos momentos y mientras hacíamos el amor nos susurrábamos al oído todo lo que había pasado en los baños y el otro no había visto, y el placer fue inmenso. Imagino ese cuarto de baño, con S dándole la espalda a Blur, mientras él se pegaba a ella para que notara su erección a la vez que la acariciaba y jugaba con sus pezones.

    Y entre cuartos de baño, terrazas, besos cruzados y risas se nos hizo de noche. Después de cenar fuimos a casa de nuestros amigos para ponerle el broche de oro a esa magnífica tarde. Con las ganas que nos teníamos, tardamos poco tiempo en quedarnos desnudos en el salón. P me enganchó por detrás, y de pie, comenzó a darme cada vez más fuerte, para que no perdiera detalle de como S se subía encima de Blur y comenzaba a moverse rítmicamente. Mis ojos no querían perder detalle del espectáculo, pero las embestidas de P,  hacían que, ocasionalmente, cerrara los ojos para dejarme llevar por el placer. 

    Las lenguas danzaban sin parar por todas las curvas de nuestros cuerpos y las manos recorrían caminos como si fuera la primera vez que tocaban la piel. Fuimos moviéndonos, gimiendo y retorciéndonos para terminar extasiados y felices en aquel sofá. 
Como siempre, una vez en nuestro hotel, y con total intimidad, no pudimos contenernos e hicimos el amor mirándonos a los ojos mientras nos confesábamos el uno al otro sentimientos, sensaciones y momentos excitantes del día. 

    Creo que de ese día nos llevamos unos amigos, y estoy segura de que todavía quedan muy buenos momentos acompañados de risas y carcajadas por compartir.


    Y como dice esta frase popular gallega: eu non creo nas meigas, mais habelas hainas. Pienso igual con nuestra manera de vivir este mundo y con que no debemos perder la esperanza de que existen parejas que compartan nuestra filosofía ya que... habelas, hainas.